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VALENTINA

A todos mis sobrinos amo, los amo más que viajar, más que el café de la mañana y más que dormir bien, me encanta que me despierten bruscamente, que me ensucien con sus manitas pegajosas y que me llenen de mocos cuando me dan besitos, me encanta que hagan ruido, que corran sin zapatos, que rieguen jugo y me despeinen, me encantan sus caritas y sus pancitas, estoy eternamente agradecida con mis hermanos y mis primos por darme la oportunidad de ser parte de sus vidas aunque piensen que estoy loca, no les daría otra opción.
Hace 4 años mi única prima que se parece a mi estornudo y nació Valentina, una cachorra muy chiquita tan chiquita que no sabíamos si viviría por qué le faltaban unos meses más en el horno. Yo vivía lejos, donde hace frio y no sale el sol, andaba jugando a ser muchas personas a ver si en alguna me encontraba, y eso lógicamente no paso, pero luego hablamos de eso.

Pasaron muchos meses, Valentina termino de hornearse en un horno de cristal o algún material medico transparente, y yo me canse de andarme buscando en espíritus de gente que no existe, me subí a un avión y regrese a la playa caliente donde nací, fui a ver a mi prima la que no cocina, a mi sobrina que es una estrella, a mi sobrino que es un principe y nació el mismo día que yo y a mi abuela la que es muy fuerte, es tan fuerte que dejo que mi abuelo se fuera a dormir al mar aunque extrañarlo le rompiera él corazón, por qué él es un tritón y ella una bruja, es una bruja de las que me gustan.
Ese día mi prima que es como yo me hizo querer ser mama, me dio un regalo y no lo sabe, y yo nunca le di las gracias en su idioma.
Cuando cargue a la cachorra me vio muy fijamente, se metió dentro de mí y abrazo mis huesos tan fuerte que se me rompió una costilla y se me salio el corazón.
Y ese día entendí, que ni los libros, ni las cámaras, ni los aplausos, ni los aviones, ni mis mil amores, ni los reconocimientos, ni las otras vidas me llenaban los pulmones como sus manitas en mí oreja lo hacían.
Ahora la cachorra ya camina, habla con animales, hace berrinches, come galletas y hace mucho ruido, es muy libre, con sus cachetes gordos y su pelo más despeinado que él mío, ya no es una cachorrita, es una cachorra grande y cada que se acuesta en mi pecho y sus manitas pegajosas agarran mi oreja como cuando era muy chiquita se me sale él corazón y vuelvo a vivir.

Gracias Giselle por Valentina.

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