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No es lo que yo pensaba

 

Yo pensé que mi maternidad sería un despertar espiritual lleno de Oms y meditaciónes con mi bebé donde las dos respirariamos sincronizadas todas las mañanas.

Que regresaría a mí práctica física con mas control y un entendimiento más profundo de mi cuerpo, retomando mi práctica donde la dejé antes de mi embarazo. Pensé que volvería a comer todo lo que me gustaba antes.

Pensé que tendría mucho tiempo para mi ya que sería mamá 24/7. Me imaginé preparando comida para mí bebé en una cocina impecable con una nena paciente, sentada contenta en su sillita y que gustosamente comería lo que le preparé con tanto amor. Pense qué dar la teta me ayudaría a volver al peso y talla que tenía antes de embarazarme. Pensé que nunca calentaría un café en el microondas.

Me imaginé colechando, durmiendo en paz abrazada de mi hija.

Realmente pensé que entendería mejor la vida y tendría acceso instantáneo a los secretos que casi todas las madres tienen, cómo hacer arroz, curar un raspón o hacerte sentir mejor con una sopa.

Pero no he podido meditar en paz desde hace más de 6 meses sin recibir una patada, una mano en la cara o un grito de amor. No respiramos sincronizadas, no decimos Om vibrando juntas como una sola, ella respira a su ritmo y grita maaamaaamama reafirmando su individualidad y me recuerda que no somos la misma persona.

Mi práctica física viene y va, parece que se va cuando tengo cosas más importantes que aprender que una asana acrobática. Mi cuerpo parece tener voluntad propia, más que control y entendimiento lo que siento es profundo respeto. Sigo sin poder comer uvas.

Ser mamá 24/7 es justo eso 24/7. Ni el cuarto ni la cocina han vuelto a estar ordenados y cuando logro cocinar es a media noche después de hacer ejercicio con la esperanza que Penelope no se despierte y la cocina se incendie, la comida que le preparo me la avienta a la cara y se la comen los perros, se rie de mi y me mata de amor. Sigo sin entrar en mis pantalones y creo que nunca volveré a mi peso anterior, pero ahora disfruto más el pan con café recalentado.

Algunos días duermo en la orilla de mi propia cama y despierto con un pie sobre la nariz, creo en el fondo de mi corazón que nunca volvere a dormir en paz, y con eso estoy en paz;  Pero todas las noches me duermo oliendo su cuerpecito y eso para mi es la felicidad.

Me he dado cuenta que esas cosas maravillosas que hacen las madres no se activan cuando nace la cria, se aprenden con el tiempo,  con años de dar amor en cantidades ilimitadas y de ponerle en exeso agua al arroz.

Para mi no es un sacrificio, sacrificio seria dejar de comer chocolate, es crecimiento espiritual del caotico que no tiene mucho sentido, del que no encaja en tus ideales, del que desordena la casa y acomoda el corazon, crecimiento del bueno, del que te expande, te ensancha el cuerpo y la vida; y te llena de amor.

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